miércoles, 21 de junio de 2017

"Lo que dijo Harriet" de Beryl Bainbridge

La chica y Harriet rozan la línea del juego peligroso en ese verano de los trece y catorce años en los que sus padres están alerta porque ellas pasan demasiado tiempo lejos de casa, haciendo no se sabe qué. Escriben en una especie de diario lo que hacen pero no la sencilla vida cotidiana y las cosas de adolescentes sino lo prohibido, lo que nunca nadie podría leer. 

Harriet tiene catorce años pero la suficiente fuerza como para detener la ira de su padre y convertir toda la historia en una tragedia sin control. Cosas de niñas que terminan siendo desgraciadas incursiones en el terreno de la maldad más ridícula. 

No es amor lo que se descubre ese verano, no es la plenitud de los ojos en los ojos ni el roce de las manos. Es más bien el hastío, las relaciones matrimoniales que cansan, las mujeres que estorban, los hombres viejos de mirada lasciva, las niñas que obedecen, las niñas que dictan...

Los niños son crueles y no lanzan sobre los demás esa compasión que podría hacerles entender. Para estas niñas, sus enemigos son los padres que les ordenan normas que no quieren obedecer, o la gente del pueblo de veraneo con la que se cruza cada día y que va contando chismes a la familia, o la esposa del hombre mayor con el que la chica sin nombre, la narradora, va enhebrando una extraña relación que Harriet observa quizá con envidia. Un hecho que no debería haber ocurrido desata la reacción airada de Harriet, la culpabilidad de la amiga y, por fin, el crimen. La tragedia se consuma y las personas mayores se quedarán inermes mientras ellas volverán por aquí el próximo verano. 

Sorprende o quizá no la mirada desprovista de lástima que las niñas dirigen al mundo que les rodea, a su propia familia, a sí mismas. Deseosas de que los ritos de iniciación a la juventud lleguen, no saben calibrar el paso del tiempo y la espera se convierte en odiosa. Se sienten desprendidas del ritmo natural de la vida y por eso se apresuran sin entender que todo cambio tiene su tiempo, su ciclo y su medida. La moral, la ética, el bien y el mal, se marchan al cubo de la basura y cada una de ellas representa una cara de la moneda que rueda sin destino y que mancha la existencia de los demás sin pagar un precio por ello. Todos están en peligro mientras ese diario siga escribiéndose. 


Esta es la primera novela de Beryl Bainbridge (Liverpool, 1932- Londres, 2010) y fue escrita en los años sesenta. Sin embargo, entonces se consideró demasiado desagradable, demasiado fuerte para publicarse porque el tema es escabroso aunque esté lleno de elipsis narrativas que dejan, sin embargo, clara constancia de lo que ocurre. 

La autora, de quien extractamos la reseña de Impedimenta, fue considerada, tras su publicación, una voz de calado en la literatura en lengua inglesa, aunque su vida fue irregular y llena de convulsiones. 

En 1954 se casó con el pintor Austin Davies, que sería profesor de Arte de John Lennon. Tuvieron dos hijos, pero acabarían divorciándose, y Beryl Bainbridge tendría una tercera hija con el novelista Alan Sharp. En 1958 intentó suicidarse metiendo la cabeza en el horno de gas. Según sus propias palabras: «Cuando una es joven tiene esos altibajos». Empezó a trabajar como actriz, y en 1961 apareció en un capítulo de la serie Coronation Street, donde interpretaba a una activista que luchaba contra la apertura de nuevas centrales nucleares. Fue por entonces cuando empezó a dedicarse a la literatura, en principio como simple entretenimiento. 

Sus primeras novelas fueron muy bien recibidas y tuvieron gran éxito entre los lectores, pero ella no obtuvo grandes ingresos derivados de sus ventas. Su primera obra, Lo que dijo Harriet, fue escrita en 1967. No obstante, no vería la luz hasta 1972, pues muchos editores la rechazaron por considerarla inmoral. Uno de ellos llegó incluso a afirmar que las protagonistas eran «increíblemente repulsivas». En 1974 ganó el Guardian Book Prize por La excursión, y en dos ocasiones se alzó con el Premio Whitbread: en 1977 por La cena de los infieles, y en 1996 por Sálvese quien pueda. En 1998 recibiría el James Tait Black Memorial de ficción por Master Georgie, obra que sería merecedora en 1999 de dos premios más, el Commonwealth Writers Prize y el WH Smith Literary Award. En 2000 fue distinguida con el título de Dama del Imperio Británico (DBE), concedido por la reina Isabel II. En 2003 recibió el premio David Cohen de Literatura, y en 2008 The Times la incluyó en la lista de «Los 50 escritores más importantes desde 1945».  

La traductora del libro es Alicia Frieyro Gutiérrez (Madrid, 1969).  Tras dedicarse durante muchos años a la traducción de guías de viaje para el sello El País-Aguilar, dio el salto definitivo a la traducción literaria de la mano de Alfaguara Infantil y Juvenil. Desde entonces ha traducido a autores como John Steinbeck, Jim Dodge, H. P. Lovecraft, Sarah Mlynowski, Amy Chua o Tonya Hurley. 

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