miércoles, 13 de diciembre de 2017

"Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo" de Dominique Moïsi


El impacto que las series de televisión están teniendo en la conformación del pensamiento e incluso del modo de vida actual es evidente. En el mundo occidental, el que disfruta de canales de televisión por cable, fibra óptica y de pago, las series han sustituido cualquier otro tipo de entretenimiento. La adicción que supone ha generado cambios en las costumbres familiares y sociales. El gusto por una u otra da lugar a interpretaciones psicológicas acerca de la personalidad de los espectadores. Las series retratan la vida pero dan un paso más: proponen una clase de vida a la que podíamos aspirar si estamos convencidos de ello.
Algunos de estos personajes, los que forman parte de las sagas más exitosas, tienen un papel en el imaginario general, son como de la familia, referentes, personas casi de carne y hueso que nos inspiran frases, ideas, formas de vestir e, incluso de ser. Revolucionan la vida cotidiana por el sencillo método de estar presentes en nuestras vidas. El último paso, logrado a través de las plataformas de pago, es verlas en nuestro dispositivo móvil, nuestra Tablet o nuestro ordenador. El elemento de visión colectiva que da el aparato de televisión desaparece. Cada uno de los miembros de la familia tiene su propia serie de referencia.
Por supuesto que el autor de este libro da un paso más: dada su condición profesional ha decidido ver la influencia que las series de televisión tienen como muestrario del mundo actual en su aspecto más público: la política.
Analizando determinadas series de éxito y poniendo como hechos referentes algunos acontecimientos fundamentales de este tiempo, logra encontrar aspectos clave que dan idea del papel de las series y de su relación con el entorno geopolítico en el que se enclavan o al que se dirigen, estableciendo diferencias de comportamiento en los distintos ámbitos culturales y sociopolíticos.
Comprender el mundo en que vivimos es, por lo tanto, también, entender los modelos de ocio, de representación y de cultura. Las series, en cuanto que participan de los tres elementos, sirven en este caso como paradigma de comportamiento, guía de ideas y muestrario de ideologías. El libro de Moïsi ahonda en todo esto.

Ficha del libro:
Autor/es: Dominique Moïsi
Traducción: Silvia Moreno Parrado
Fecha de publicación: 25/09/2017
Formato: 14 x 21,5
Páginas: 200
PVP: 18,50 €
ISBN: 978-84-16544-48-6

Reseña del autor (editorial Errata naturae):
Nacido en 1946, Dominique Moïsi es politólogo y una de las máximas figuras internacionales en el ámbito de la geopolítica. Nacido en Estrasburgo e hijo de un superviviente del campo de exterminio de Auschwitz, estudió Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad de la Sorbona. Fue asistente de Raymond Aron, y ha impartido clase en algunas de las instituciones más importantes del mundo, como la Universidad de Harvard o el King’s College de Londres. Actualmente es catedrático de Geopolítica del Collège d’Europe y colaborador habitual de periódicos como El PaísThe Financial TimesThe New York TimesDie Welt o Les Echos. Entre sus últimos libros cabe destacar Un juif improbableLa Géopolitique de l’émotion o Le nouveau déséquilibre du monde.

lunes, 11 de diciembre de 2017

"Cuéntaselo a otra" de Isabel Keats

Daniel, el marido de Inés, la ha engañado con otra, una chica que trabaja con él. Eso ha sumido a Inés en un enorme desconcierto y, por supuesto, la mantiene casi un año comiendo chocolate y sin salir de su asombro. El dolor se une al afán de supervivencia y por eso traza un plan. Ese plan no ha de conocerlo nadie, excepto su querida mejor amiga Silvia. Ni su madre, ni su hermana Marisa, a las que, por otro lado, está tan unidas. 

De modo que aquí tenemos a Inés disfrazada de portera de finca en pleno barrio de Salamanca. El disfraz de Inés no es que digamos de la KGB pero sirve para el caso. ¿Cómo una economista brillante se acomoda a vivir en una portería mínima, oscura y sin comodidad? Ah, porque necesita cambiar de vida urgentemente. Y no se va a Nueva York, no, donde los pisos están carísimos, sino a esta zona de Madrid tan cool y tan chic. 

En el edificio de marras hay vecinos ciertamente raros, pero se llevan la palma el del cuarto B (a saber si no es un asesino descuartizador de tomo y lomo) y la del tercero B, una antigua súper vedette, estrellísima del cine, que conoce a todo el mundo y que guarda todavía esencias dispuestas a ser derramadas en cualquier producción cinematográfica. Además de ellos mira tú por donde en el sexto piso está el doctor Enrique Echevarría y su hija Blanca, deliciosa adolescente que no tiene nada que ver con las insoportables chicas de estas edades. Un amigo de Silvia, Fran, algo raro y con rastas a lo brasileño, forma el conjunto que la autora del libro mueve a su antojo para que la historia se construya. 

A partir de este damero podemos hacernos algunas interrogantes: ¿Conseguirá Inés olvidar a su exmarido? ¿Logrará escribir esa novela policíaca a la que dedica tiempo y desvelos? ¿Hallará Fran su media naranja? ¿Lo conseguirá Silvia? ¿Volverá al cine Sasha Montagut, la vecina del tercero? ¿Descubrirán todos el misterio del vecino del cuarto B? ¿Habrá amor, habrá sexo, habrá pasión....?

Entenderéis que no puedo hacer spoiler aunque algo os adelanto: las cosas acaban bien y, como en las novelas de Jane Austen hay más de una boda. Por supuesto que algunos malentendidos se aclaran y que no todo es como parece. El cuento de Cenicienta y de la portera que se transmutó una noche en guapísima mujer también se dilucida como debe ser. Y, como resumen, los buenos, que son casi todos, tienen su recompensa. A saber qué vida le espera al pobre Daniel, del que ya ni nos acordamos. 

Isabel Keats, que se define como escritora de novelas románticas, hace aquí un entretenido juego en el que hay momentos de risa y otros momentos de pasión bastante bien contada. Y eso que el sexo tiene mala prensa en las novelas, porque casi siempre se cuenta mal y se insinúa peor. Pero la noche maravillosa que pasan Enrique e Inés (oh, esto sí es spoiler) se narra con tino, acierto y su pizca de erotismo, que para eso estamos ante una novela de amor. 

Ya sé que las novelas de amor o románticas tienen mala prensa entre ciertos sectores. Parecería que un lector experimentado no podría reparar en ellas. Sin embargo, rompo aquí una lanza por este género. Me considero una lectora de las más lectoras que conozco (podéis repasar mi blog e intentar llevarme la contraria) y, además, una mujer demasiado trascendente e intensa para la mayoría de las cosas. Pero defiendo la novela ligera, limpia, liviana, sencilla, con encanto y con personajes adorables como esta. Bien escrita, por supuesto, porque en caso contrario no podía leerse. Pero sin pretensiones o con una pretensión bien excelsa: entretenernos, hacernos felices. Y hay tardes y horas de la vida en las que estas lecturas son maná caído del cielo, agua para las plantas y una gota de sol en el agua fría, como diría la mismísima Françoise Sagan

Recomendada. Seguiré leyendo a Isabel Keats. Y hablaré de ella con mis amigas lectoras. 

Reseña de la autora

Isabel Keats es el seudónimo tras el que se oculta una licenciada en Publicidad madrileña Belén Solesio López-Bosch, autora de novela romántica contemporánea, residente en Madrid, madre de tres hijos. Hace muy pocos años empezó a escribir sus propias historias y varios de sus relatos han sido publicados, tanto en papel como en digital. Escribir, hoy por hoy, es lo que más le divierte y espera poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo.

Sitio web oficial: http://isabelkeats.blogspot.com.es

Premios: 

PREMIOS

2015

Te quiero, baby
Premio Dama Mejor Novela Romántica Contemporánea

2013

Empezar de Nuevo
Ganadora Premio digital HQÑ de Harlequin

Abraza mi oscuridad
Premios Rosa RomanTica's
Mejor Romance Paranormal Nacional

Abraza mi oscuridad
Premios Amor Fú
Mejor Novela Romántica de Suspense

Vacaciones al amor
Premios RNR
3ª Finalista Mejor Comedia Romántica

2012

Abraza mi oscuridad
Finalista III Certamen de Novela Romántica Vergara-RNR

2011

El protector
Finalista Primer Premio de Relato Corto Harlequin


domingo, 10 de diciembre de 2017

Mujeres que piensan


He seguido hasta hoy el consejo de mi madre: "Las amigas, mejor guapas y listas. Las feas y torpes te harán la vida imposible". Así lo he hecho y creo que solo ha habido una excepción. Una amiga bastante torpe y poco agraciada que, sin embargo, resultó ser leal y honesta, aunque no fue capaz nunca de aprender los pasos de baile. Pero, por lo general, mis verdaderas amigas, con más o menos asiduidad, responden a ese patrón: mujeres agradables, hermosas muchas de ellas, generosas e inteligentes. 


Así que la idea de este post me ha venido contemplando la obra del pintor post-impresionista Fernand Toussaint (1873-1956). Es una obra llena de mujeres pensantes. Algunas tienen libros o cartas en las manos; otras, hojean una revista; todas tienen un aire de profundidad en sus miradas que me indican que están con sus neuronas completamente activas. Incluso las que permanecen con los ojos lejanos y las manos posadas sobre el cuerpo, en apariencia inmóviles. Todas ellas son mujeres que piensan. Como mis amigas. 


Ser mujer es muy difícil. De toda la vida. Nuestras abuelas lo tenían difícil. Mis dos abuelas, por ejemplo, fueron mujeres con una vida muy dura. Una de ellas perdió a su hijo mayor en la flor de la vida y nunca se recuperó de ello, de modo que se aisló en una especie de burbuja en la que estaba solamente ella y el rostro amado de ese hijo. La otra contempló la muerte de su marido, muy joven, debido a sus ideas políticas. Antes había vivido la estancia de él en la cárcel. Un marido enamorado, dispuesto, íntegro, defensor de sus ideas y amante padre. Cuando se murió, ella continuó mirando al mundo de frente, cuidando de sus hijos y adorando su memoria. Dos mujeres, dos actitudes. A ninguna de las dos habría que reprocharles nada. 


También nuestras madres lo han tenido difícil. Mi madre era una mujer muy inteligente, con una gran expectativa vital que se vio truncada ante lo más sencillo. Su sentido del humor, su ironía finísima y su fuerza interior, la empujaron a continuar aunque era consciente de lo que le faltaba. En mi calle, había muchas mujeres como ella, quizá no tan leídas y tan ingeniosas, pero todas ellas muy especiales, llenas de energía, de visión, de objetivos. Sus maridos eran seres oscuros, perdidos en la niebla del trabajo diario, pero ellas animaban la existencia con sus conversaciones, risas, secretos y sueños. Se establecía así una red de relaciones que hacía más soportable las ausencias, las pérdidas, la desgana. 


¿Y nosotras? Mis amigas y yo tenemos claras algunas cosas pero nuestros interrogantes son aún mayores. Sabemos qué queremos pero somos conscientes de las dificultades, de los muros y de las batallas por librar. Todas ellas tienen una gran dosis de sentido común y de paciencia, pero esta se ve colmada algunas veces. Todas ellas tienen mucho que decir en esta sociedad pero no siempre disponen de los altavoces necesarios. Han sufrido situaciones difíciles y las han afrontado con elegancia, sin alharacas, con firmeza y resolución. Y piensan. No pueden dejar de pensar. No son geishas, son mujeres, con todo lo que eso significa. 


Por eso creemos en la terapia entre amigas. Esas conversaciones a dos o varias bandas en las que fluye todo con naturalidad. La lealtad entre las mujeres cuando la amistad es cierta no puede compararse con nada. Esa mala fama que nos adjudican acerca de que nos comportamos como brujas no es nada que se parezca a nosotras, mis amigas y yo no somos así, estamos lejos de esa absurda competencia inventada. De modo que las imágenes maravillosas de mujeres pensantes de Fernand Toussaint sirven para recordarnos que cualquier momento es bueno para la confidencia, la risa compartida y el cariño que nos salva de las peores zozobras. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Clásicos que son muy cool



A veces me preguntan sobre libros para niños y jóvenes. Mi máxima experiencia viene de mi propia infancia, cuajada de lecturas en una familia de lectores. Y también de mi hijo, lector avezado, precoz y lleno de iniciativa a la hora de elegir sus libros. Por supuesto, luego he trabajado con estrategias de animación a la lectura y llevado esa experiencia a mi actividad docente, pero hay muchas ideas que se han ido creando con el paso de mi vida como lector. Por ejemplo, nada de libros de mayores adaptados para niños ni de esos engañosos libros de mayores que nos empeñamos en que lean los niños. El Principito no es para niños, ni tampoco Platero y yo. La segunda idea es que los clásicos están muy bien, pero hay muchísima literatura infantil y juvenil de nuevo cuño que merece la pena leer. No hay que desconfiar por sistema de las sagas ni tenerle manía a los vampiros ni pensar que todos los lectores jóvenes piensan igual. 


Desconfío también de las llamadas "ediciones ilustradas" donde el texto se convierte en un mero apéndice de las imágenes. Ya hay bastantes textos que priman los dibujos para los niños más pequeños y para los neolectores, pero desde que el niño aprende a leer, a partir de los nueve o diez años, los libros tienen que tener las palabras que el autor escribió. No se trata de "rebajar" el contenido del libro, sino de elegir el libro apropiado. Las adaptaciones también son para echar a correr. Una edición completa con una buena traducción ofrece al niño el libro en todo su esplendor. Lo otro son resúmenes inadecuados que no tienen valor literario. 
Entre las lecturas que se pueden ofrecer a los chicos están los tebeos. Leer tebeos es un recurso genial para hacer lectores. Hay tebeos clásicos, algunos de los cuales se siguen actualizando continuamente, como Mortadelo y Filemón, cuyo autor, el genial Francisco Ibáñez, sigue la actualidad y la plasma en sus historias, de forma que podemos seguirla y morirnos de risa al mismo tiempo. 


Hay otros géneros de cómic, de distinto estilo, que tienen un gran valor literario y gráfico y que los chavales aprecian cuando los conocen. Ahí está el manga japonés o Persépolis, el libro-cómic que enseña valores de respeto, tolerancia y libertad. 
Algunos clásicos son complicados para los jóvenes. No solamente los que hemos citado sino otros considerados libros de niños, como Alicia en el país de las maravillas, que está lleno de simbología y que hay que leer en su momento, pues cuando no es así, se puede llegar a aborrecer la literatura sin más y convertirse la lectura en una carga. 
Acerca de la obligatoriedad de leer todos los que nos consideramos lectores y amantes de los libros sabemos que es un error. Una cosa es potenciar la lectura y otra el tema de los libros obligados. Conozco a mucha gente que le pasa igual que a mí: los únicos libros que no leí (al menos en ese momento) fueron los que me obligaron a leer los profesores. Hay una forma de incitar a la lectura que es enormemente eficaz: el ejemplo. Ver a tus padres o hermanos leyendo es la principal manera de que te enganche la lectura. Se contagia. Leer los libros y poderlos comentar. Convertir a los personajes en parte de tu familia, eso sí es animar la lectura. 


Pocas sagas han contribuido más al hábito lector que Harry Potter. Los libros de J. C. Rowling han sido y son seguidos y leídos por chicos de todo el mundo. Las colas en las librerías cuando iban apareciendo son un fenómeno inusual. Mucha gente se aficionó a leer a través del universo de Potter, genialmente diseñado, lleno de imaginación, fantasía pero también de valores. 
Transmitir valores es una de las preocupaciones añadidas a los autores actuales de libros para niños y jóvenes, un plus que probablemente no se planteaban los escritores de otros tiempos. Por eso, en todo lo que ahora se escribe subyace cierta ansia de moralizar, de sacar conclusiones y ejemplos positivos que en ocasiones convierte la lectura en una sencilla pesadez. No hay que menospreciar leer para divertirse simplemente, porque en sí el hecho de la lectura ya lleva una carga añadida de esfuerzo y de introspección. Leer exige soledad, comprensión, razonamiento y una buena dosis de sentido común para añadir ese bagaje a nuestra propia mochila. 


Entre los escritores españoles tenemos algunos muy destacados en este campo. Para mí la mejor es Laura Gallego, cuyos libros son muy apreciados entre jóvenes y no tan jóvenes. Las Memorias de Idhun están genialmente escritas y son adictivas. Ese despliegue de fantasía que gusta tanto a los chavales tienen en ella a una autora excepcional que merece la pena conocer y seguir. En las imágenes que he tomado de los libros de mi hijo hay varias sagas y todas ellas tienen la característica de que están bien escritas. Esa es una condición esencial, no solo que dicen sino como lo dicen. Y están los maravillosos clásicos de Julio Verne y, por ejemplo, Tintín, una saga que resulta adictiva por lo divertida y bien escrita que está. Como, desde luego, Astérix y sus amigos, que también andan por aquí, Cornelia Funke, Camilla Lackberg y algunos otros.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

"La librería" de Penelope Fitzgerald


Lo mejor de la película "La librería" de Isabel Coixet sobre la novela de Penelope Fitzgerald es que ha dado a conocer el libro y mucha gente habrá tenido ganas de leerlo. Lo peor es que la película es agradable, preciosista, encantadora y está bien hecha pero no puede recoger, ni siquiera puede que se haya intentado, el espíritu Fitzgerald. Esta llamada escritora tardía porque empezó a publicar a los cincuenta y ocho años creó un universo tan especial en ese libro que es imposible reproducirlo. Tiene tanta fuerza que incluso aunque hayas visto la película cuando relees el libro no te aparece la imagen de ningún personaje filmado sino los que tu imaginación ha ido creando al hilo del relato. 


En la vieja casa que Florence Green ha comprado en el pueblo imaginario de Hardborough, Old House, hay un polstergeist que continuamente hace la vida molesta a las personas que por allí pasan. Es un protagonista indiscutible del libro, como también lo es la pequeña Christine Gipping, de diez años, tez pálida e ingenio particular, aunque no lo suficientemente lista como para que la admitan en la escuela secundaria. Wally es un scout del mar que ayuda, con sus compinches, a colocar la estantería de los libros en el desvencijado espacio, a cambio de una dádiva para conseguir ladrillos para la casa de los scout en Londres. El señor Brundish es un hombre elegante, triste, viejo y especial, tanto que invita a tomar el té a Florence y da lugar a los comentarios de todo el pueblo. La señora Gamart, Violet, y su marido, el general Gamart, son los caciques del pueblo. Ella, egoísta y soberbia; él, un pobre hombre sin voluntad. Tienen un estúpido sobrino que se dedica a la política, como muchos otros estúpidos que seguro son sobrinos de alguien. Hay un par de abogados, más bien torpes y sumisos; algunos trabajadores manuales; pintores aficionados y gente del pueblo, los cuales abarrotan en masa la calle de la librería cuando en el escaparate se exhibe Lolita, el libro transgresor y lleno de inmoralidades de Nabokov del que Florence encargará a la editorial Olympia Expréss, nada menos que doscientos cincuenta ejemplares. 


¿Qué ocurre en realidad con tanta gente? Podíamos resumirlo diciendo que Florence Green es viuda, de mediana edad, de físico corriente y que monta una librería en un pueblo en el que no había ninguna. Lo hace sorteando dificultades y termina por abandonar, porque hay gente que no la quiere y porque los libros son un peligro si uno quiere dominar a sus congéneres. Al final, Florence se marcha y con ella el soplo de aire fresco que son los libros. El último párrafo lo dice todo "ella bajó la cabeza en señal de vergüenza porque el pueblo en el que había vivido durante casi diez años no había querido tener una librería. 


Penelope Fitzgerald cuenta una historia tan sencilla que asombrará a los que esperan hechos y más hechos. Pero deleitará a los que aman las palabras, a los que se demoran en la vida, a los que entienden los sonidos, los ecos, las dulces gesticulaciones de la observación. Es la observación lo que distingue a un buen escritor. La capacidad de ver lo que otros no ven. Esa fórmula mágica según la cual atesoras un caudal de cosas por decir, pequeñas, medianas o grandes, hasta que las palabras aparecen como palomas, como pequeños entes con vida propia. 


Penelope Fitzgerald era Penelope Knox antes de casarse y nació en 1916 y murió en el año 2000. Tuvo tres hijos de su matrimonio con el irlandés Desmond Fitzgerald en 1941. Tuvo una educación muy esmerada y toda su familia era del mundo de las letras. Su primer libro lo publicó en 1975, cuando tenía cincuenta y ocho años. La librería es de 1978 y fue un éxito editorial. Después de eso publicó seis novelas más, algunas de las cuales están reseñadas en este blog: Inocencia y El comienzo de la primavera. 

martes, 5 de diciembre de 2017

"4321" de Paul Auster


Paul Auster ha estado en la FIL de Guadalajara (México) y he tenido noticia de ello a través de los medios y de los comentarios de algún asistente. De la mano lleva su último libro, casi mil páginas, una novela extensísima y en la que, según confiesa, ha dejado parte de su propia vivencia. La infancia es el tema. Siempre reaparece de alguna manera en la obra de todo escritor y, si no asoma por las rendijas, tendrá el tributo que merece ese tiempo en el que el hombre se hace hombre. La infancia puede llegar a ser el paraíso perdido pero, en todo caso, es la fuente. La culpa, el miedo, la libertad, el deseo, el amor, la fuerza, la envidia, todo se mezcla como en un crisol en esos años iniciales en los que no sabemos quiénes somos ni adónde llegaremos. Esos años lentos, que pierden su sentido durante algunos instantes pero que reverdecen a poco que cerremos los ojos. 

Auster es un escritor cotizado y perseguido pero tiene la tendencia a repetir estructuras y a volver sobre armonías que ya ha tratado. En esta ocasión él mismo era consciente de que debía dar el salto a otro registro porque el aburrimiento, ese gran peligro, acechaba. Por eso inventa cuatro historias, cuatro puntos de vista, cuatro figuras que vayan y vengan en ese espacio temporal y físico en el que sitúa su ficción. O su autoficción. Para entenderlo, quizá haya que volverse a su propia biografía, a los tiempos en los que leía de todo y a todos, a sus cuentos escritos desde muy pequeño, a su compromiso vital con la palabra. Los niños que piensan con frases de libro son diferentes. Y ven el mundo desde un prisma único, intenso, irrepetible.

El azar, las coincidencias, las casualidades que cambian la vida de las personas en un momento dado, esas vueltas de tuerca que nadie espera, son los elementos iniciales que el libro pone en la vida del protagonista Archibal Isaac Ferguson. Cuatro de las historias de esa vida se despliegan como un pavo real, como un abanico sevillano, como una mariposa de alas doradas. La vida se enreda a partir de ciertas circunstancias y, desde ese punto de vista, tanto da hablar de uno como de cuatro personajes.

Ferguson, que nació el 3 de marzo de 1947 en Newark, Nueva Jersey, tendrá ocasión de crecer, de conocer el amor de diferentes formas, la amistad, la familia, la política y todo aquello que acontece a los seres humanos. Cada uno de esos hechos viene precedido de una elección, pues el hombre tiene ante sí caminos diversos que escoge o que le escogen a él. La gran duda es si se actúa adecuadamente en cada ocasión y qué podría habernos traído la existencia si se actuara de otra forma. Es una pregunta que todos nos hacemos: si ese día de junio de 2014 yo no hubiera clickado en el ordenador y producido determinado fenómeno, seguramente las cosas no serían como son y seguramente estos años no tendrían ese regusto doloroso y ajeno que presentan. Quién lo sabe. Un suceso insignificante, un click como el que millones de personas realizan cada día y a cada momento, lo cambia todo. 

¿Quién es Paul Auster?

Nació en 1947 en Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos. Sus padres eran judíos de ascendencia polaca y clase media. Se crió en South Orange, Nueva Jersey y Newark. Estudió en la Columbia High School en Maplewood. Tras graduarse en la Universidad de Columbia en 1970, trabajó en un petrolero durante un año, después se trasladó a París, Francia, donde se ganó la vida traduciendo literatura francesa.

De nuevo en Estados Unidos en 1974, publicó ensayos y novelas propios, así como traducciones de autores franceses como Stéphane Mallarmé. Inicia su carrera literaria escribiendo poesía y ensayos para las revistas New York Review of Books y Harper's Saturday Review. En 1982 escribe su primera novela La invención de la soledad, una obra autobiográfica dividida en dos partes Retrato de un hombre invisible y El libro de la memoria. En el año 1987 aparece su libro de cuentos La trilogía de Nueva York que incluye Ciudad de cristal (1985), sobre trata sobre un escritor de novela negra; Fantasmas (1986), sobre un detective privado; y La habitación cerrada (1986), historia de un autor.

Su novela El país de las últimas cosas se publicó en 1988, El palacio de la luna en 1989 y La música del azar en 1991. Después Leviatán (1992), Vértigo (1994) y Lulu on the Bridge (1998). También escribió un libro de poemas y ensayos, Cimientos (1990). En 1993 se edita El cuaderno rojo.

El libro de las alucinaciones, donde narra las vidas cruzadas de David Zimmer, un escritor que intenta salir a flote, y Hector Mann, un cineasta desaparecido, consiguió ser libro del año 2003 para todos los libreros. En 2004 apareció La noche del oráculo, una novela donde el escritor norteamericano mezcla vida y literatura. En 2006 se edita Viajes por el Scriptorium. En 2008 publicó la novela Un hombre en la oscuridad. Diario de invierno (2012), narra experiencias, preferencias y viajes. Después publicó Informe del Interior (2013), donde recopila una selección de anécdotas junto a análisis más profundos y algunas de sus influencias cinematográficas, junto a una selección de cartas intercambiadas con su ex esposa, la escritora Lydia Davis.

El 31 de mayo de 2006, el escritor fue galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Obras escritas por Auster

Jugada de presión (Squeeze Play, 1982)
Ciudad de cristal (City of Glass, 1985)
Fantasmas (Ghosts, 1986)
La habitación cerrada (The Locked Room, 1986)
El país de las últimas cosas (In the Country of Last Things, 1987)
El palacio de la luna (Moon Palace, 1989)
La música del azar (The Music of Chance, 1990)
Leviatán (Leviathan, 1992)
Mr. Vértigo (Mr. Vertigo, 1994)
Tombuctú (Timbuktu, 1999)
El libro de las ilusiones (The Book of Illusions, 2002)
La noche del oráculo (Oracle Night, 2004)
Brooklyn Follies (The Brooklyn Follies, 2005)
Viajes por el Scriptorium (Travels in the Scriptorium, 2006)
Un hombre en la oscuridad (Man in the Dark, 2008)
Invisible (Invisible, 2009)
Sunset Park (Sunset Park, 2010)
Diario de invierno (Winter Journal, 2012)
Informe del interior (Report From the Interior, 2013) 


lunes, 4 de diciembre de 2017

"El club de los mentirosos" de Mary Karr


Mary vive en una ciudad del este de Texas cuya mayor riqueza es el petróleo. La industria petrolífera define el modo de vida, influye en sus personajes y en el aire entero del lugar. Su padre bebe, tiene una hermana ciertamente atrevida, su madre pasa de un matrimonio a otro...En esta novela autobiográfica las cosas son como parecen y no hay modo de escabullirse de la forma de escribir de la autora, llena de vivacidad, casi heroísmo y puntos humorísticos. Los años sesenta, en los que vivió su infancia, fueron de cambio en muchos aspectos y en la mayoría de las ciudades. Pero la infancia de Mary Karr tiene el detalle puntual de una vida conmovedora, aunque dura y casi trágica.

Ella misma explica al inicio del libro por qué adopta la forma de memorias y no de novela sin más. Con unos familiares tan estrambóticos no tenía ninguna necesidad de inventarlos. Su madre era bebedora, al igual que su padre y usaba las armas de fuego para disparar sobre sus parejas. Precisamente en la cocina de la casa estaba la huella de esos disparos, en forma de agujeros en los azulejos. Su hermana Lecia era una chica muy bravía y briosa, al estilo de Juanita Calamidad, capaz de todo y por todo. Ella misma, cuando inicia la redacción de esas especiales memorias, es madre soltera y malvive en Nueva York. Todo se conjura, pues, para lanzarse a escribir sobre lo que mejor conoce: su familia y la forma en que esta desafió a la opinión pública, vivieron sus vidas con su estilo personal y no permitieron injerencias ni críticas. O, mejor dicho, pasaron de ellas olímpicamente. 

En este sentido se trata de un libro de superación y de aceptación. Superación de las dificultades, crecimiento interior a pesar de ellas. Aceptación de su origen social, de la vida que le tocó vivir y, sobre todo, de su extraña y nada alentadora parentela. Uno no elige nada de esto, lo más que puede hacer es transformarlo en su imaginación (engañarse a uno mismo) o transformarlo en literatura, que es lo que hace la inefable Mary Karr.

Hay un detalle crucial que no puede pasarse por alto. Mary Karr era una empedernida lectora y esto la llevó a escribir. Los libros son los mejores compañeros de las infancias desgraciadas y todo lo mundo lo acepta así. Si eres una niña infeliz, hija de una familia pobre, con algún bebedor compulsivo entre tus seres más cercanos, tendrás entonces que conjurarlo todo a base de libros y de personajes que te hagan parecer más libre de lo que eres, que te hagan soñar con casas que nunca visitarás o con países que son paraísos para el amor. Así Mary Karr se alió con sus propios lectores, niños de familias tristes convertidos en adultos decentes, que entendieron el poder terapéutico de la palabra, de la lectura y la escritura, para llegar a construirse sin el peso terrible del pasado y de la herencia. 

Por eso, a pesar de todo, la mirada que lanza Mary sobre su vida no es amarga, sino irónica; no es iracunda, sino comprensiva; no es lastimera, sino risueña. El sentido del humor y saber que cada uno tiene que aceptar de donde viene y de quiénes procede, sirve para construir estas memorias satíricas, mordaces, terribles en algunos aspectos pero siempre dulces, divertidas y llenas de sal y pimienta. 

Breve biografía de la autora según la editorial: 
Nació en Groves (Texas, Estados Unidos) en 1955, y desencadenó una revolución con su obra El club de los mentirosos, que fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times, y mejor libro del año para The New York Times Book Review, The New Yorker, People y Time. Karr ha ganado el Whiting Award, el Radcliffe’s Bunting Fellowship y dos premios Pushcart. Además, ha recibido una beca Guggenheim. Entre sus obras destacan The Art of Memoir, las memorias Lit y Cherry y poemarios como Sinners Welcome, Viper Rum o The Devil’s Tour. Actualmente es profesora de Literatura en la Universidad de Siracusa y vive en Nueva York.

Ficha del libro:
Autor/es: Mary Karr
Traducción: Regina López Muñoz
Epílogo: Lena Dunham
Coedición  de Editorial Periférica y Editorial Erratanaturae
Fecha de publicación: 02/10/2017
Formato: 14 x 21,5
Páginas: 520
PVP: 23,00 €

ISBN: 978-84-16291-53-3

(Esta es la tercera novela que surge de la colaboración de Periférica y Errata naturae después de Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff y Regreso a Berlín de Verna Carlton) 

domingo, 3 de diciembre de 2017

"Cataluña, la herida de España", de Ignacio Camacho


En este blog no abundan los libros de pensamiento político, aunque algunos hay. Pero en este que reseño ahora, Cataluña, la herida de España, recién salido a la luz y publicado por la editorial Almuzara, cuyo autor es Ignacio Camacho, se aúna, además, que es una especie de cofre en el que se guardan, cuidadosamente, algunas columnas de opinión sobre un tema candente, que significan el posicionamiento de quienes analizan la realidad y son esa especie de intermediarios que llamamos periodistas. 

El tema central del libro es Cataluña. A nadie se le escapa que está de plena actualidad y que, en estos momentos, ni siquiera los más avezados son capaces de componer el puzzle en su totalidad. Sabemos lo que ha ocurrido hasta la fecha y podemos aventurar algunas consecuencias, pero el dibujo total, el desenlace, permanece oculto, como un enigma, un misterio que nos inquieta a todos los ciudadanos de este país llamado España. Construido a partir de los artículos de prensa que el autor escribe cada día en el diario ABC y en su columna Una raya en el agua, tiene el añadido de un ensayo previo en el que se resume la cuestión y se introduce la lectura de los diferentes capítulos. 

Tanto si conoces los artículos que lo componen porque los leíste en su día, como si no es así, aquí puedes encontrar una línea conductora, un código de ideas, que se van solidificando conforme avanza la lectura. Concebido como un diario, en el que no se hallan anotaciones personales sino construcciones acerca de los hechos que van aconteciendo en el llamado desafío catalán, el libro actúa como recordatorio y como referente. Ambos aspectos son sustanciales a la hora de repensar una cuestión. Qué se dijo y en qué momento. Qué grado de acierto hay en esa aseveración. Cómo puede enjuiciarse la realidad desde este punto de vista. El periodista, el analista político que escribe en un medio y que hace llegar su posicionamiento al lector, elige siempre una opción a la hora de ofrecer el espejo de la realidad. Esa opción es la suya y la que ha seleccionado en el conjunto que los acontecimientos ofrecen. Los lectores pueden identificarse con ella o rechazarla pero, en todo caso, siempre surgirá el debate, el diálogo, la puesta en valor de la discusión, de la asamblea, de la dialéctica. 

Además de constituir un eficiente recopilatorio de lo que el proceso catalán ha significado hasta la fecha, el libro tiene una cualidad que resulta indispensable para que pueda leerse con fluidez y agrado: está muy bien escrito. Los escritores de periódico son una clase de periodistas que unen su conocimiento, sus fuentes solventes y su capacidad analítica a un dominio de la escritura nada usual. Demasiadas veces opiniones bien fundamentales se presentan en envoltorios poco agradables. Pero no es este el caso. El autor es dueño de su propio estilo literario y es muy fácil reconocerlo en este conjunto de artículos. La estructura temática que se le da al texto también ayuda a su comprensión. Subiendo escalones de un hecho hacia el otro, secuenciando los temas por medio de la ayuda cronológica, el marasmo a veces confuso del tema catalán se convierte aquí en un ensayo unitario, sin que su origen periodístico lo desvirtúe. 

Todo parte de una visión casi clarividente que el autor lanza al aire en los momentos anteriores a que estalle el problema. Esa visión advierte de que estamos ante unos acontecimientos, que él mismo califica de revolucionarios, que pueden subvertir de una manera dramática el status quo de un  país que no ha demasiado tiempo cruzaba la travesía que separa la dictadura de la democracia. Cuarenta años no son nada pero deberían ser suficientes como para que ese dique contuviera las aguas agitadas del nacionalismo. Puesto el problema sobre la mesa, su análisis incluye el de los personajes principales de la trama, las reacciones de los diversos partidos políticos, el panorama internacional, la respuesta judicial, el papel del rey, así como la influencia que cada una de las partes de este atrevido juego peligroso tiene en el conjunto del país. Un país sorprendido primero y que es capaz, como también se recoge aquí en los textos más emocionales, de reaccionar ante el envite. 

Las grandes preguntas surgen por parte del lector: ¿Hasta qué punto hablamos de una revolución? ¿Cuáles son los lazos que unen aquí al populismo y el nacionalismo? ¿Qué riesgos emocionales trae la aplicación de la ley? ¿Es posible hallar una solución que no siga teniendo en el alero al país cada cierto tiempo? ¿Hay que modificar la Constitución? ¿De verdad el libro es capaz de hacernos entender las causas remotas e inmediatas que han conducido a esta situación?

Convertir en un libro el hálito diario de la prensa tiene el riesgo de hacer perenne lo perecedero. El artículo diario se muere cada noche, cuando los acontecimientos lo desbordan y aparecen nuevas aristas que analizar. Pero si se da el paso de publicarlo fuera del paraguas amigo del periódico, entonces estamos hablando de unas palabras y opiniones que tienen afán de permanencia. Calcular si ese reto tiene sentido es casi imposible. En todo caso, el formato y la estructura del libro, tan diferente a la sencilla columna periodística, ofrece la ocasión de reflexionar con pausa, de echar la vista atrás y hacia delante, de pensar, repensar y convertir en opinión personal lo que el autor ha pensado y escrito en su momento. 

Ignacio Camacho (Marchena, Sevilla - 1957). Periodista y Licenciado en Filología Hispánica. Columnista diario en ABC, periódico que dirigió entre 2004 y 2005, participa como comentarista político habitual en diversos programas nacionales de radio y televisión, actualmente en cadena COPE, RTVE y otros canales autonómicos y privados. Ha sido subdirector de El Mundo y Diario 16, y ha trabajado también en Cambio 16, El Correo de Andalucía y Nueva Andalucía. Como escritor, fue autor del primer libro de investigación sobre el "caso Juan Guerra" -"El huerto del asistente", Planeta 1990-, de los libros-reportaje “Sevilla 24 horas” y “La Sierra Sur de Sevilla”, y es coautor de la "Crónica de un sueño", sobre la Transición en Andalucía, y de "Memoria del paisaje", junto a José M. Caballero Bonald y otros autores. Tiene los premios de periodismo Mariano de Cavia, González Ruano, Miguel Delibes, Julio Camba,Romero Murube, Antonio Fontán, Unicaja y Fundación Institucional Española, entre otros. Ha sido profesor de Periodismo Cultural (1992-1996) en la Universidad de Sevilla y es miembro del Consejo de Comunicación de la Universidad Europea de Madrid.

Cataluña, la herida de España. Mitos y claves de la revolución independentista. Ignacio Camacho. Editorial Almuzara, Colección Pensamiento político. Córdoba, primera edición diciembre 2017. 
Edición al cuidado de Manuel Mateo Pérez. Documentación: Patricia Padrón. Coordinación editorial: Rosa García Perea. Director editorial: Antonio Cuesta. 
Impreso en Lince Artes Gráficas. ISBN: 978-84-17229-40-5
168 páginas. 15,00 euros


sábado, 2 de diciembre de 2017

Cuestión de andar


(Mujeres andando por Madison Square)

Dicen que en Madrid estos días de diciembre hay calles en las que solo se puede andar en una dirección. Madrid es la ciudad que mitifico, que convierto en el paraíso de la diversión y la cultura, en el lugar que querría haber recorrido desde hace años y que apenas conozco. Ahora, en ese Madrid, no podría saltar de un lado a otro de la acera sino que tendría que recorrer esas calles como si fuera en fila india, o mejor, en fila china. Como si trabajara en una fábrica muy gris junto a una ría oriental y llevara un uniforme también gris y un paso gris para llegar a completar una existencia gris. Una vida de mierda. 

En mi ciudad todo el mundo dedicaba parte de sus horas de ocio a pasear por una misma calle. La calle Real era el paraíso de los encuentros, los chismes, las suposiciones y las medias verdades. Solo una de sus aceras era transitable por los que no tenían otra cosa que hacer que mirar, ver y reír. La otra era una acera gris, por la que la gente andaba muy deprisa, en la que el sol tenía poco que hacer y a la que nadie que quisiera disfrutar llegaba. La acera de las tiendas, las plazas, la presencia humana y la felicidad era esa otra que convertía en elocuencia cualquier gesto callado y te obligaba a saludar intermitentemente. 

Andar es un síntoma de libertad que hemos olvidado porque corremos más que andamos y porque andamos como medio de ir de un lado a otro. Pero andar porque sí, sin más razón que tomar el tibio sol o de disfrutar de la noche es un grato placer que enseña muchas cosas. Si quieres pensar sobre ti misma, sobre la manera en que has hecho el idiota como siempre, sobre las horas pasadas reflexionando sobre la última idiotez que se te ha ocurrido, sobre el dolor, la dicha o los besos...lo mejor es andar. Y si alguien que anda a tu lado ha decidido que su paso es otro, que es tan rápido que tienes que sudar, que no acompasa su cadencia con la tuya...entonces huye, incluso, si es necesario, cruzando a la otra acera. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

La mujer callada


(Leonor Fini. Autorretrato con sombrero rojo. 1968)

No creas que ha sido fácil. Se ha precisado un largo entrenamiento, una aceptación total y un vuelco a la emoción que se lanzaba sola. Antes, cuando todavía el viento oscuro del silencio no había llegado, ella se movía como pez en el agua en las palabras. Asentía, comentaba, contaba, rezaba, cantaba, decía. Los verbos se mezclaban con los ambiciosos adjetivos, de dos en dos, de tres en tres. Los nombres tenían la mayor de las disposiciones para convertir en sueños los deseos y los deseos en realidades. Luego estaban las preposiciones, las conjunciones y las pequeñas partículas de antes y de después, bien ajustadas, compuestas, libres, pero engarzadas en una joya sin precio, en una frase. De esa forma el pensamiento no tenía fronteras, el corazón se ensanchaba cuando iba a pronunciar un pequeño discurso y la boca se movía al compás querido de la brisa. Todo era vivir y así se compartía lo que los hombres tienen más a mano: su ser hecho sentido y depósito de esperanza. 

No creas que ha sido fácil. Cuando la mortecina espada claqueteó demasiadas veces sobre ella, la espalda se encorvó en grado sumo y la voz se convirtió en un ahogado susurro del que nadie supo su procedencia. Las palabras se escondieron en el desván de un pasado sin retorno y los sentimientos tejieron su final sin que ninguno tuviera la suficiente osadía como para quejarse. Eso de las quejas no hace juego con el orgulloso silencio que ha de ostentar alguien que está segura de que, al otro lado del sonido, no queda nadie.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Sábado


(León de Smet. Impresionismo belga)

Silenciosa la casa, un hilo de sol atraviesa el balcón y te recibe. El café bien caliente, la tostada, un reguero de aceite, un pan que cruje. Olores de cocina en día de fiesta. La radio desgranando titulares. El periódico encima de la mesa. Los ritos del encuentro con quien anoche fuiste, con la idea que dejaste en la mesilla. Se terminó la tregua. Y entre listas de cosas por hacer, emerge, cómo no, esa luz que cultivas y que escondes, para que no se apague mientras puedas.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

"Tránsito" de Rachel Cusk


La escritora que protagoniza "A contraluz" la anterior novela de Rachel Cusk, es también el personaje principal de este "Tránsito". En los momentos que recoge el libro, el matrimonio se ha derrumbado y se va a vivir a Londres con sus dos hijos. Hay veces en la vida en la que hay que juntar los trozos desparramados y buscara alguna argamasa que lo una. La ciudad de Londres, los apuros para encontrar un lugar adecuado para vivir, los antiguos amantes que se encuentra, la cotidianeidad en su vertiente más prosaica, todo eso es el caldo de cultivo en el que tendría que renacer la esperanza, si la hubiera. 

Rachel Cusk ha escrito ya una docena de libros, entre novelas y libros de memorias, estos últimos sobre la maternidad y la separación matrimonial. La editorial Libros del Asteroide ha publicado estas dos que mencionamos y también sacará a la luz la tercera parte de esta trilogía, Kudos, en 2018. Escrita en primera persona, con escasos diálogos, Tránsito tiene tanto de ejercicio de introspección como de acercamiento a una realidad que puede parecer prosaica pero que, al fin y al cabo, es todo lo que tenemos. 

En el fondo de su obra está el oficio de escribir. La escritura como resultado y también como algo inevitable, algo a lo que te conduce une extraño destino que no puedes eludir aunque lo intentes. El tiempo de vacío, el silencio, no es sino una preparación para la llegada feliz de la palabra. La narración se desenvuelve así con la exactitud de un entomólogo que analiza lo que ve y lo reflexiona al mismo tiempo. Los personajes son tan seres humanos que podríamos reconocerlos si los encontramos en algún lugar. Por eso la novela, esta y la anterior te conducen a tu propio pensamiento y lejos de contestar preguntas, abren nuevas interrogaciones que, siendo tan propias de lo humano, terminan inesperadamente. 

Una mujer inteligente lanza una mirada perspicaz, lo escribe de forma personal y, al tiempo, lejana, para lograr así el efecto deseado: este Tránsito no nos resulta nada ajeno. 

Tránsito. Rachel Cusk. Traducción de Marta Alcaraz. Libros del Asteroide. 2017. 

domingo, 19 de noviembre de 2017

"Asesinato en el Orient Express" de Agatha Christie


Los agathistas sabemos que Asesinato en el Orient Express no es la mejor de sus novelas ni tampoco la que muestra mejor el estilo de la escritora. Sin embargo, las versiones cinematográficas se suceden y algunas de ellas gastan dólares por todo lo alto. Como la última, la que ha dirigido en este año de 2017 Kenneth Branagh, genial actor y meritorio director, recitador de Shakespeare, exmarido de la grandísima Elinor Dashwood, perdón, Emma Thompson. 

Las críticas, en esta ocasión, han sido contradictorias. Y hay que decir, para ser exactos, que ninguna de las versiones de novelas de Agatha Christie ha sido capaz de trasladar mínimamente ni la intención elegante, ni el detalle minucioso pero no estereotipado, ni el sabor de los personajes que inventó la genial escritora. Con una honrosa excepción: la versión de Testigo de Cargo, un relato que Billy Wilder llevó a la pantalla en 1957, con guión de él mismo y un elenco de actores y actrices de primerísima fila: Tyrone Power,  Marlene Dietrich,  Charles Laughton,  Elsa Lanchester,  John Williams, Una O'Connor,  Henry Daniel,  Norma Varden,  Torin Thatcher,  Ian Wolfe, Francis Compton. 


Testigo de cargo es un drama judicial cuya trama esconde un juego de espejos, de apariencias, de errores que, a simple vista, no pueden apreciarse. El casting no podía ser más adecuado ni el enfoque de la película más lógico si se quería transmitir la esencia del texto. 

Por su parte, Asesinato en el Orient Express un juego de malabares, un thriller rocambolesco e itinerante, en el que el pasado está tan presente como si no hubiera transcurrido el tiempo. Una venganza colectiva, dando así lugar al primer crimen de Christie en el que los autores son varias personas. La claustrofobia de estar en un tren en medio de una nevada (por tanto, detenido y sin poder apurar los tiempos que todos habían previsto) añade tensión al libro y genera una particular atmósfera. Sin embargo, ninguna de sus versiones fílmicas ha logrado captarla y transmitirla. 

El problema está en que en las versiones cinematográficas o en las series de televisión, predominan el cartón piedra,  el amaneramiento y un detallismo que resulta absurdo. Los personajes se estilizan hasta convertirlos en autómatas y todo parece teatral. Incluso si fuera una obra de teatro resultaría estereotipada. No basta, por tanto, con respetar la letra si no se respeta el espíritu. 

La lectura del libro, cuando es la primera vez y aún no sabes quién es el asesino, te deja una sensación amarga, como si se escapara algo. La alusión a hechos del pasado es truculenta y tiene olor a periódico de sucesos. Sin embargo, el desfile de personajes es demasiado largo y quizá es lo que nos hace trastabillar, dudar de hasta qué punto estamos ante un crimen real o ante el simulacro de un crimen. 


Kenneth Branagh,  Penélope Cruz,  Willem Dafoe,  Judi Dench,  Johnny Depp, Michelle Pfeiffer,  Daisy Ridley,  Josh Gad,  Derek Jacobi,  Leslie Odom Jr., Lucy Boynton,  Sergei Polunin,  Tom Bateman,  Olivia Colman,  Miranda Raison, Chico Kenzari,  Manuel García-Rulfo intentan hacernos creíble la historia, este crimen itinerante en el que la aparente frialdad con la que se comete el asesinato oculta, en realidad, un laberinto de pasiones sin cerrar. 

Porque el crimen no es sino el telón que culmina otros crímenes, directos o indirectos, anteriores. Es esta sensación de justicia a largo plazo, o de venganza, lo que produce escalofríos y lo que debería transmitirse a los espectadores para ser justos con el argumento del libro. La gran duda es, siempre que se lleva a la pantalla un libro de Christie, si Poirot estará o no acertado. Y eso es algo de vital importancia. 



domingo, 12 de noviembre de 2017

No te vayas


Espérate un momento, un instante solo. El tiempo que tarde en desvanecerse la tarde en ese rayo de sol que cruza la plaza sin permiso. El pequeño espacio de tiempo que necesito para hacerme a la idea de que te vas. Para entender que pasarán los días, las horas y las noches, y no te veré cerca, ni lejos, ni tan hondo. El hueco de las manos que se quedan vacías, espérate. El sonido del reloj de la iglesia que se cruza de lado sin que pueda entenderla, espérate. Espérate que acomode mi paso a la nostalgia. Espérate que deje de temblar por no verte. Espérate a que entienda por qué tanta distancia, tantos días, tantos adioses, tanta ausencia de besos. No quiero que te vayas y me dejes. Y no lo sé decir de otra manera. Solamente palabras, ahora que te has marchado. Ahora que ya no queda primavera. Porque yo quiero merendarte al sol. Pero soy cobarde y mi voz ha cedido el paso a una pequeña lágrima sin sabor ni dueño. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

"Jane Austen en la intimidad" de Lucy Worsley

En 1814, cuando contaba con 39 años, Jane Austen viajó sola en diligencia desde Chawton Cottage, en el condado de Hampshire, hasta Londres, donde tenía que negociar la publicación de una de sus novelas. Allí, en este y en otros viajes parecidos, pudo hacer algunas de las cosas que más le gustaban: asistir al teatro (adoraba a Sarah Siddons), ir de compras (las medias de seda eran sus favoritas), cambiarse el peinado o contemplar y hacer suya la última moda en mangas, la manga larga que sustituyó a la manga de farol de su juventud.

A la muerte de Jane Austen y con el aumento de lectores de sus novelas y su posterior rehabilitación ante el mundo literario, su familia intentó ocultar muchas facetas de su personalidad y detalles de su vida. La biografía que escribe su sobrino James Edward incide en esta línea de ocultamiento que había comenzado su hermana Cassandra, mayor que Jane tres años, que destruyó mucha correspondencia, desde luego toda aquella que demostraba a las claras el carácter mordaz e irónico de la escritora.

Todo esto le ha hecho un flaco favor a la investigación sobre su vida y obra. Pero, sin embargo, no cesan de aparecer estudios que, buscando en fuentes muy diversas, sacando conclusiones de la bibliografía existente o con investigaciones nuevas, arrojan alguna luz a la vida de Austen. Este es el caso de Jane Austen en la intimidad, el libro de Lucy Worsley.

Si alguien espera encontrarse noticias banales y frívolas de bailes y cotilleos, o solamente eso, se equivoca. El retrato que se traza de la sociedad georgiana es espléndido. Es un tiempo histórico delirante que sumergió al Reino Unido en una guerra continua durante años. Es más, la vida de Jane Austen está presidida por el estado de guerra. Apenas unos años se vio libre de ella. Y ese trasfondo histórico, por más que solo aparezca matizado en sus libros, lo vivió muy de cerca a través de sus hermanos y parientes.

Además de la historia, está el aspecto social. La vida de las mujeres de su clase, clase media rural, pseudogentry, como la define Worsley acertadamente, tenía como ejes la familia y el matrimonio y como castigo la dependencia de los elementos masculinos. Toda su vida esta diseñada para casarse o para depender, primero de su padre, luego de sus hermanos varones. Y así fue con la excepción de ese dinero de bolsillo, ingresos propios, que sus libros le darían al final de su vida y en muy escasa cuantía. Por eso ella se desquitó y su última novela escrita, que no publicada, fue la inteligente Emma, rica, guapa y sin depender de nadie. Es ese su ideal de mujer llegado el momento. Y el señor Knightley el hombre de todas las prendas.

El libro quita importancia a algunas afirmaciones familiares en torno a la escritora, hechas con la intención de que no se conocieran ciertos rasgos de su carácter, menos dulces, amables y apacibles de lo que se consideraba normal en una mujer de su época. Esto resulta muy interesante. Aunque era algo que podíamos intuir. Y saca a la luz, de manera indiscutible, otras, como sus sucesivos pretendientes, los hombres que la amaron y a los que amó ella mucho menos. Cinco o seis nombres que nos hacen pensar si la soltería de Jane Austen no fue, simplemente, una opción. O si puso en la balanza su independencia (a pesar de todo), y la vida de familia en la que la mujer criaba hijos y complacía sin más a su marido. 


viernes, 10 de noviembre de 2017

"La librería" de Isabel Coixet y Penelope Fitzgerald. Pasión por los libros


Florence Green y yo tenemos dos cosas en común: la viudedad y la pasión por los libros. Lo primero es solo una circunstancia. En realidad, ser viuda es no ser nada. Somos esposas que han perdido a sus maridos, como dice Pilar del Río, cuando habla de José Saramago. Lo de los libros, mejor, lo de la lectura, es un vicio que se inocula cuando eres muy pequeña y que no te suelta nunca. Sin embargo, entonces no te das cuenta de lo que eso significa. Solo entiendes que los libros están en todos los momentos de tu vida y no se van, ni se esconden, ni mienten. Son leales, firmes, seguros, llenos de emoción y libres. 



Isabel Coixet, también amante de los libros, quedó prendada, como yo misma, con La librería que escribió la gran, grandísima y poco conocida en España, Penelope Fitzgerald (1916-2000). El libro cuenta, igual que la película, la historia de Florence Green, que pierde a su marido en la guerra y se muda a un pequeño pueblo de la costa inglesa con la intención de montar una librería. En Old House, un inmueble viejo, húmedo y abandonado, Florence quiere hacer el milagro del encuentro entre amantes de la literatura. Y casi lo consigue. Su ayudante en ese empeño es la pequeña Christina, la niña mediana de una familia de muchos hijos que, a cambio de doce chelines y medio a la semana, se ocupa de limpiar el polvo de las estanterías, colocar las postales y ordenar los libros. 

El pueblo hace honor a ese aserto que afirma que en los pueblos se concentra la mayor maldad, mucho más que en una gran ciudad. La gente del pueblo está atenta a los chismes, cosa inofensiva, pero entre ellos hay mala gente. El retrato de los malos está peor conseguido en la película que el de los buenos. Quizá porque son estereotipados y la falta de emociones positivas hace que los rechacemos. Pasemos por alto, entonces, a los malos, al diletante Milo, tan traidor, a quien su novia Kattie llega a abandonar, suponemos que porque está harto de un hombre del que "no se sabe si guarda una gran vida interior o absolutamente nada". 


Sin embargo, en medio de esa suciedad que decide impedir que la librería prospere, que los libros existan en el pueblo, que la gente lea y que se venda "Lolita" de Nabokov, el escándalo del momento, hay dos seres puros y nobles. Bill Nighy interpreta a uno de ellos. El hombre elegante, callado, solitario, cuya química con Florence se ve interrumpida dramáticamente. Y Christina, la niña, a la que ya he mencionado y que cerrará el círculo, pues ella es la narradora de la historia. 

Esta película habla del amor a los libros. De cómo ellos te compensan, te salvan y te llevan en volandas a un lugar que nadie más conoce, salvo otros seres como tú, que entienden tu lenguaje y comprenden tus lágrimas. 


jueves, 9 de noviembre de 2017

Dulce encuentro


(Andrew Wyeth. Christina's World)

Si otoño o primavera no lo recuerdo ahora. Sé que era tiempo de llevar sandalias y un vestido azul claro con escote de pico y sé que era una hora temprana de la tarde, la hora de los susurros, crepúsculo indeciso. La casa de mi amiga era el sitio perfecto, el refugio ideal para ese encuentro ansiado. Sonó el timbre de la puerta y dudé en un segundo. Sólo una ráfaga que aparté de inmediato. Allí estaban sus ojos. En el umbral, su boca. Vaqueros desgastados y camisa de manga larga con los puños doblados hacia fuera. Era extremadamente varonil y olía de una forma especial. Su olor se asentaba en mí y no me abandonaba.

Los besos cruzaron el vestíbulo, las manos en las manos. Allí estaban mis labios entreabiertos y mis ojos abiertos totalmente y estaba él y estaba su sonrisa, enigmática, dulce, extraña sonrisa de quien lo guarda todo en su interior. Era terriblemente guapo y yo era su princesa.

Las sábanas revueltas y el sudor de las manos se mezclaron con risas que no tenían motivo. Esas risas absurdas que surgen del placer, de la dicha total, del cuerpo pleno. Era el amor entero el que se aposentaba en aquel cuarto abierto a una plaza con árboles. Era el amor entero, escrito sin palabras. El amor, en lo hondo, en todos los sentidos. El que se abre a la vida, el que no necesita sino amor para amarse. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

El abrazo más dulce


(Fritz Zuber-Buhler. Young girl holding a doll)

La niña era muy pequeña pero la escena quedó grabada en su memoria, como si fuera una película en la que ella tuviera el papel protagonista.

El sol del mediodía caía a fuego en verano. En el patio de la casa, los arriates pedían agua y las flores esperaban ansiosas que la noche aliviara esa sensación de ahogo en la hora de la siesta.Todo estaba en calma. La niña está sentada en el suelo, con un libro de dibujos delante de ella, las piernas desnudas, los pies descalzos, los ojos abiertos.

De repente, oye el claxon de un coche. No es un sonido cualquiera, sino el sonido que anuncia la dicha, el goce mayor de todos los días. Él ha vuelto.

El portón de la calle se abre con su rugido característico. La claridad recorta una silueta. Es un hombre de mediana estatura, bien vestido, con bigote y unos ojos tan tiernos...

Al ver a la niña ha sonreído hasta el fondo: "¿De quién es esta niña tan bonita…?" ha dicho en voz muy alta con su precioso acento.

Y la niña, corriendo, volando casi, ha llegado a sus brazos, se ha elevado a lo alto, contestando entre risas su frase favorita: "De su padre".

De su padre…